viernes, 25 de febrero de 2011

VENTURAS Y DESVENTURAS DE MI PRIMER VIAJE EN BICI




VENTURAS Y DESVENTURAS DE MI PRIMER VIAJE EN BICI
(13-24 enero 2011)
Partí de Guadassuar (Valencia) el jueves 13 de enero a las 11am rumbo a Charleral (Marsella-Francia) con mi bici y 25 kg o más en el porta-equipaje entre ropa, comida, agua, aseo, saco de dormir, etc. No sé si seré capaz de narrar todos los pormenores del viaje, pero la vivencia y la aventura la tengo yo a título personal; no obstante, quiero compartirla.
No tenía un horario establecido, por lo cual paraba y arrancaba a mi antojo; no cumplía ningún horario, casi siempre paradas cortas ya que el ansia por seguir y lograr mi meta me podía y me animaba a seguir. Las noches han sido bastante malas. Al dormir en el suelo cobijado en cualquier rincón del camino, me solía despertar pronto y tiritando; entonces, comía algo (plátano, galletas, chocolate y un vaso de leche) y me ponía  a pedalear como un loco para entrar en calor, en ocasiones abrigado hasta arriba con gorro de lana, braga, dos chaquetas y manoplas.
En el recorrido por España la gente fue amable y colaboradora, al igual que la policía, que, incluso habiendo yo infringido las normas me ayudaron y me informaron de cómo y por dónde seguir. En una ocasión me ayudaron a salir de la autovía, de un tramo donde involuntariamente me había metido y que estaba prohibido para mí (se bajó de la moto y entre los dos saltamos con la bici los dos quitamiedos y el foso que me separaban de donde estaba a donde tenía que ir). En otra ocasión una pareja joven me hizo salir de la autovía tras informarme que no podía seguir, que aquel trozo estaba prohibido para mí, y me anotaron el recorrido alternativo que debía tomar hasta que la autovía volviera a ser apta para ciclistas. También encontré corredores de bici que me informaron e incluso me acompañaron hasta dejarme encaminado. Esto se agradece, y mucho, cuando vas solo y tirado por ahí: aunque cada vez menos seguramente por miedo, sigue quedando gente dispuesta a ayudar.
Siguiendo con el viaje, por Castellón empecé a encontrarme cuestas pronunciadas; luego más, cada vez más. Tras el suplicio, por fin, la recompensa: unas bajadas kilométricas donde alcancé velocidades de vértigo, jugándome el tipo, iluminado por mi luz, las estrellas y la luna llena que me permitieron distinguir bien la carretera y prepararme para no tocar los frenos. Aunque desgraciadamente no tengo prueba de ello porque mi contador no tiene memoria de mínimo y máximo ni marca tales velocidades, estoy en disposición de afirmar que superé, seguro, los 80km/h: ¡aquello era volar! Volaba sobre la raya del arcén, junto a los bloques separadores de hormigón y sin invadir la calzada, para permitir que me adelantaran los vehículos.  Contaba con un metro escaso de sitio, de noche y por un lugar desconocido para mí. Ahora mientras escribo pienso: ¡Qué locura! Fue divertido, pero temerario.
Tras dormir en la Junquera emprendí rumbo a Francia. Entré en el país por Le Perthus, un sitio lleno de tiendas. Durante casi todo el viaje he gozado de buen tiempo: sol por el día y estrellado por la noche. Pero el domingo por la tarde, acariciando territorio francés, se puso el cielo cubierto de un color blanco feísimo y pensé: si se pone a nevar y me pilla solo por estos parajes me congelo. Así que seguí durante horas pedaleando a buen ritmo; me acompañaron durante el viaje unas minúsculas chispitas de aguanieve.  Ya muy entrada la noche paré a dormir algo.
Al proseguir viaje me encontré con muchos charcos, parece ser que cayó un chaparrón. Yo no me enteré, por suerte me pude cobijar en un Mc Donalds, concretamente en el tobogán del área de juego de los niños. A punto de salir a emprender viaje pasó por allí el de seguridad. Yo salí a su encuentro y le expliqué por qué estaba allí y que ya me marchaba. Saqué la cartera para identificarme y me dijo que no era necesario, y prosiguió su ronda de vigilancia.
Ya en Francia, seguí preguntdeando con mi escueto francés y mostrando la dirección a donde me dirigía, ya que había salido sin mapa ni nada para orientarme, lo dejé todo a la aventura. Finalmente llegué a Nimes y recordé que mis primos vivían entre allí y Avignon, así que me puse a preguntar por su pueblo. Nadie parecía tener claro dónde era y, por un malentendido (quiero pensar eso)que me desvié del camino  pese a que un chófer de autobús me había anotado el itinerario y unos gendarmes me habían también indicado, por primera vez me sentí perdido en medio del campo, rodeado de viñedos y empezando a caer la noche, desorientado y sin posibilidad de salir de allí. Finalmente a la salida de un camino pude detener un coche y, como pude, le expliqué todo y él me informó de que iba mal encaminado (quiero seguir pensando que me equivoqué yo), que me había desviado y pasado de largo un buen trecho. Acabe pidiéndole, o más bien suplicándole, que me llevara al pueblo donde vivía mi prima y, como por suerte aún queda gente amable y comprensiva, accedió.  Como llevaba un coche-furgoneta sin asientos traseros, pudimos cargar la bici. Yo subí delante con él y un pequeño perro que llevaba (muy cariñoso, por cierto). Durante todo el viaje estuvimos hablando, o al menos intentándolo, ya que seguramente la mitad o más de lo que le dije no lo entendió. A medio camino le di  20 euros y no quiso aceptarlos: “¿Y para ti qué?” me dijo. Yo insistí: “El favor que tú me has hecho es para mí más importante, y además el coche gasta gasolina”. Al final los cogió. Me llevó hasta el pueblo y me preguntó por la dirección. Yo la desconocía, pero tenía detalles que me permitirían encontrarla. Nos despedimos y me puse a buscar.
Llevaba escasamente 5 minutos cuando…¡Milagro! Doy con la casa y había luz dentro. Eran las 21.30 del lunes 17. Como no veo el timbre me pongo a gritar: “¡Prima! ¡Prima! ¡Rosita!” Y ella que me abre y al verme en bici se queda completamente sorprendida. Le explico toda la historia y le pido ducharme y cama: mi primera ducha completa en 4 días. Me había ido aseando por partes en gasolineras, pero esto fue la gloria. Ya oliendo a persona, la abracé, saludé a su marido e hijos, y, tras prepararme cena, conversamos ampliamente y pude, por fin, dormir en una cama de verdad, duchado y con ropa limpia (cuando lo tenemos a diario, qué poco lo apreciamos)
Por la mañana, tras desayunar, consulté el mapa y comprobé que me quedaba poco para alcanzar mi meta final. Así que llamé a mi amigo y le dije donde me encontraba y que pronto estaría ahí. Tras despedirme, a las 9 am partí. Como me veía tan cerca iba demasiado rápido, ansioso por llegar, por lo que tuve que parar a comer y coger fuerzas. Nuevamente tuve suerte. A una furgoneta a la que pregunté si iba bien encaminado me dijo que subiera, que me llevaba un trozo y me dejaba encarado. Así fue, al rato apareció un indicador anunciándome mi meta. Volví a llamar a mi amigo para decirle donde estaba y asegurarme que aquella era la entrada correcta. Me dijo que sí: “Te faltan unos pocos km” Cogí moral y enfilé la recta final.
Al llegar, pregunté por el ayuntamiento, que era la referencia que tenía. Una vez allí me pongo a mirar en todas las direcciones y veo a mi amigo que venía hacia mí con la cámara de video en mano, y me puse a gritar: “¡Bien! ¡Lo conseguí!” Grité con tanta energía que salió la policía. Me miraron y yo les dije: “No pasa nada. Soy yo. Que lo he conseguido” Y proseguí con mis gritos de júbilo.
4 días 15 horas y 999’26 km de pedaleo, incluyendo paradas y alguna equivocación, y allí estaba yo, junto a mi amigo. Sin haber sufrido percance alguno. ¿Suerte? ¿Mi ángel de la guarda? No sé, pero aquí estoy.
[Le voy a hacer un poco de propaganda a mi bici: Llevo una Riverside3, hombre, talla L, todo original de la casa con un cajón de plástico acoplado al porta-equipajes. No he tenido ningún problema durante el viaje. Tampoco ni un pinchazo ni nada de nada desde que la compré el 06-09-2010. Digo esto para constatar que no hace falta una gran máquina para realizar alguna aventura…Ah, la bici me costó 169,95 euros. Solo se necesita decidirte y echarle ganas. Yo con 44 años y no habiendo practicado nunca deporte lo he conseguido.]
Una vez ya en casa, conectó la cámara de video y me dijo: “vamos a ver tu llegada” Y resultó ser que llevaba unos 15km tras de mí con el coche gravándome a escondidas. ¡Qué sorpresa! Eso no me lo esperaba. ¡Fue genial!
He fotografiado mi bici junto a bastantes indicadores, para que nadie ponga en duda que pasé por allí, y poder reconstruir la ruta.
Como anécdota destacable: Por Girona, con luna llena y super estrellado, pasé a 6 metros escasos de un rebaño de jabalíes. Me percaté de que estaban allí porque al pasar junto a ellos emitieron un ruido monstruoso y pude mirar a mi derecha unos segundos y distinguir 3 enormes siluetas. Quizá eran más pero no me paré a confirmarlo, jajaja. En mi estancia en su casa me llevó a ver algunas cosas. Estuvimos en un  concesionario Ferrari y…vamos, qué pedazo de super-coches. También había un Lamborgini murciélago, un Hamer enorme y un Bentley continental: la creme de la creme de los coches. Y yo caminando entre ellos, tocándolos.
El viernes fuimos de compras y después nos preparamos un almuerzo a la española con su bocata, vino, ensalada y un carajillo quemado para rematar…de muerte. Buenísimo. Después me dejó ropa de bici y su bici y él cogió la de su hijo y nos fuimos a das una vuelta por los caminos de montaña de los alrededores. Yo nunca había cogido una mountain-bike y esta estaba super equipada con suspensión delantera y trasera, frenos de disco, etc. Vamos, completa. Debo confesar que me gustó. Te permite pasar por sitios y ver cosas que de otra forma no podrías.
Regreso a España el domingo a las 6.15h en tren, “la bici y yo”. Ya tengo los billetes. He de realizar 4 trasbordos: Marsella-Monpelier-Barcelona-Valencia-mi casa. Hubiese vuelto en bici, pero aparte de no estar motivado, no quería tentar de nuevo a la suerte: habían bajado mucho las temperaturas, el sábado nevó cerca de allí y anunciaban nieve para los días siguientes. Además, tenía que volver al trabajo y quería estar en perfecto estado.
Pero lo más importante es que cumplí mi objetivo, que era pasar el 22 de enero, santo de mi amigo, es su compañía y felicitarle en persona, no por teléfono. No le llevé ningún regalo material, pero mi compañía fue suficiente y así me lo hizo saber.
El domingo a las 4am salimos rumbo a la estación con la bici cargada en el porta-bicis. El termómetro marcaba -7º. Todo bien: llegamos, bajamos la bici, nos hicimos unas cuantas fotos con el teléfono y una vez ya embarcado, él se marchó. Hasta aquí genial. Pero al regresar a España, concretamente en la estación de Barcelona Sants se truncó todo. Toda moneda tiene dos lados. Hasta el momento siempre me había tocado la cara, pero aquí me tocó la cruz y empezó mi calvario.
No sé cómo empezar. Iba rumbo a casa contento ya que, según mis cálculos el domingo 23 sobre las 22.30 ya estaría en casa con mi familia. Habiendo hecho varios trasbordos, llegando a subir en sitios que no me correspondían, sin hablar prácticamente nada el idioma, me demostraron ser comprensivos y se preocuparon de ubicarme, y tanto que lo hicieron. Yo había subido mi bici y donde estaba molestaba si tenía que subir o bajar algún pasajero, ya que el tren era de doble altura, es decir, gente arriba y abajo, y yo tenía la bici en el hueco de una escalera de acceso al piso superior. Vinieron 2 señores uniformados, no sé exactamente qué eran, me indicaron que ahí no podía estar, que bajase. Yo como pude les dije que era vital que prosiguiese viaje ya que tenía los billetes correlativos comprados. Estuvieron hablando con un tercer seños y me dijeron: “Baja y ven” Yo en principio me negué a bajar. Insistieron: “Ven con nosotros a otro vagón” Yo les seguí y resultó ser que me llevaron a un vagón de primera que estaba vacío y me metieron allí dentro. Sí, como suena. Un vagón de primera con sus asientos super anchos, reclinables eléctricamente, comodísimos, con enchufes a 220v, bandeja para comer cómodamente y un lavabo completísimo. Vamos, de película. Y todo para mí solo, bueno, y para mi bici.
Llego a Barcelona Sants donde tenía que efectuar mi último trasbordo. Después de pasar el cajón que llevaba por rayos X, cuando intento acceder con mi bici al andén, un señor con voz poco amable me dice que la bici no puede subir al tren. Le pedí por favor, le apelé a la caridad. Viajaría como fuese, aunque fuera en un rincón para no molestar. Y parece como si mis súplicas le ofendiesen, y se pone borde e impertinente conmigo. Exploto y le digo: “En tu propio país te tratan como una basura”. Una de seguridad llama a la policía. Yo los veo venir y abandono la entrada al andén. Me fui hacia ellos y les cuento lo ocurrido. Me dicen que son las normas y queda así. Me dirijo a atención al cliente, les cuento todo otra vez y no hay nada que hacer; solo consigo que me cambien el billete para un regional donde sí podía subir la bici, pero para el lunes 24 de enero a la 9.30 am. Ya veis, veinte horas tirado en la estación. He realizado 2 reclamaciones, pero no tengo fe en las reclamaciones de un particular contra los poderosos.
Encima el billete que yo llevaba me costó 43 euros y el que me dieron, 25 y pico, es decir, pierdo casi 22 euros. Y me dicen que no podía reclamar, ya que los billetes los había adquirido en Francia.
Todo esto se resume así: Lejos de tu país, se preocupan y hacen lo posible por ayudarme, incluso ubicándome en sitios de más categoría sin coste alguno, y en España, donde pago mis impuestos, no hacen nada por mí. Bueno sí: tratarme con menosprecio y mandarme a la policía.
Estoy en la estación de Barcelona Sants, me niegan la reclamación por el pago de un servicio no prestado, me retienen alejado de mi familia 20 horas de más, me tratan con menosprecio, sin tacto, como si fuera un apestado. ¿Será porque voy en bici? ¿Dónde está la imagen ecológica que se quiere dar si en mi país, concretamente en Barcelona Sants, es donde más trabas e incomprensión he encontrado a la hora de subir la bici? Mucho bla, bla, bla, pero facilidades pocas. Solo a X horas y en X trenes. Qué discriminación. Como para pensar hacer otro viaje en bici si he de pasar por Barcelona Sants.
A la gente insolidaria que te ve tirado y, aun teniendo facultad para ayudarte, te deja abandonado como un perro, sin molestarse en hacer nada, con indiferencia y prepotencia, le deseo que cuando estén necesitados prueben su medicina y les pase lo mismo. Entonces seguro que piensan que todos son malos. Hacerlo tú y que te lo hagan a ti ya no es igual.
Todo el resto del viaje, una pasada: ratos buenísimos, menos buenos, duros y menos duros. En definitiva: genial. En la terminal de Barcelona Sants (algo bueno) coincidí por varias horas junto a una chica de Alicante que venía de opositar (lo sé porque estaba junto a mí y lo escuché cuando hablaba por teléfono). Le deseé suerte en la nota y hablamos durante un rato. Acto seguido, dejó sus pertenencias a mi lado y se fue a por un refresco a la máquina. Cuando regresó le dije: “Eso no se hace. No me conoces”. Y me respondió que mientras se iba lo había pensado pero que yo le inspiré confianza. Me hizo sentir bien y le di las gracias. Esto, hablar con mi mujer por teléfono y el bocata que me comí difuminó la rabia que sentía por haberme quedado atrapado.
Pero aún no había pasado todo, nada más lejos de la realidad. A las 12pm, el colmo de los colmos. Estando ya medio adormecido escucho a los vigilantes que estaban echando a la gente y pregunto qué pasaba. Me comunican que cierran la estación hasta las 4.30am. Todo el mundo a la calle, lo que me faltaba por ver.
Recomendaciones: No viajes con bici a Barcelona, tendrás problemas. No hagáis noche en la estación, os echarán a la calle como un perro. En invierno y aquí en la calle, con frío aunque disponía de dos chaquetas, gorro, braga, guantes y saco de dormir. Les deseo desde lo más profundo de mi corazón que ojalá reventasen todos lo que me han tratado inhumanamente. Todo en Barcelona Sants. No encuentro calificativo de desprecio a los que actúan así. ¿Ese señor, por llamarlo de alguna forma, podría dormir tranquilo sabiendo que me dejó tirado en la estación 20 horas, con mi familia esperándome? No sé si fue excesivo, pero entonces, con el calentón del momento, le dije fuerte, para que se oyese: “Ojalá te cogiese un infarto y no sería yo el que, viéndolo, llamase al 112”.
Y todo esto lo digo por si alguien planifica un viaje en bici que lo tenga en cuenta y no se quede atrapado en Barcelona Sants. Seguro que se acordaría de la madre de alguno, pero quedaríais igual. Os tratarán inhumanamente, con un trato vejatorio.
Finalmente, ya camino de Valencia, comento el viaje y los incidentes de Barcelona Sants y un grupo de jóvenes que me escuchaban me comenta que algunos de ellos también habían recibido un trato nada cortés en esa estación. Conversando con el revisor, este me invitó a volver a presentar en Valencia la reclamación por el sobreprecio que pagué, ya que en Barcelona Sants se negaron a efectuarla alegando que no tenía derecho. Pues bueno, en Valencia, en atención al cliente me atendieron bien. Es más, me dijeron cómo poner la reclamación. A eso me refería yo: ver ayuda, colaboración, aunque el resultado no sea después el esperado por ti, pero da igual, no te vas ignorado como me sentí en la estación de tren de Barcelona Sants.
Y digo tantas veces el nombre porque quiero matizar que esto me ocurrió allí, y curiosamente por gente no de Catalunya, ya que el impresentable que no me dejó acceder al tren ni me ayudó a encontrar alternativa era de algún lugar del Sur de España (lo sé por el acento) y la vigilante y los trabajadores de los 3 estantes donde pedí ayuda eran hispanos. Seguro que a ellos no se les trató así cuando emigraron, y si se hizo pues más razón aún para saber lo que duele y no hacerlo igual.
El resto de gente que me encontré en Barcelona se portó excelentemente conmigo. Curiosamente, todos,  cuando les preguntaba, viendo que yo no era catalán, me respondían en castellano, y yo les invitaba a responderme en catalán, el cual entiendo perfectamente.
Sobre las 15pm del lunes llegué a Algemesí, último pueblo al que puedo ir en tren. Desde allí, tres kilómetros hasta Guadassuar con la bici y ya estoy en casa. Gritos de júbilo y la misma foto en la puerta, pero esta vez a la inversa. Salvo por el desprecio de Barcelona Sants, una aventura preciosa. Me ha gustado mucho el viaje. Seguramente nunca lo repita, pero ya lo tengo hecho, que era mi meta.
Quiero aprovechar para agradecer a toda la gente que, desinteresadamente, me ayudó en mi viaje ya sea indicándome el camino, acompañándome, permitiéndome dormir y asearme, dejándome entrar con la bici dentro de los centros comerciales para no dejarla sola en la calle mientras compraba, a la policía, que me ayudó en varias ocasiones aun circulando yo mal y no se limitaron a multarme, a los conductores que me informaron e incluso me llevaron (y eso que en Francia está mal que paren ya que te roban el coche con este método, o eso me explicó mi amigo) a la gente que me ha dado conversación, a la que se ha fiado de mí y a tantos otros que han hecho posible que todo me saliese bien. Ah, y a mi bici, que se ha portado como una campeona y no me ha dejado tirado en ningún momento. Y a los trabajadores de Barcelona Sants, ya les he dedicado demasiadas líneas.  Solo decir que no me vale que digan que cumplían normas. La policía también cumple normas y no se limitó a multarme sino a ayudarme; en Francia los interventores de tren también cumplen normas, pero en vez de echarme buscaron soluciones para mí, y eso que apenas nos entendíamos.
Las normas están ahí, vale,  y hay que cumplirlas. Pero la humanidad y la buena voluntad también están y si no existe un perjuicio grande las normas se pueden dejar un poco al margen. Animo a todo el mundo que tenga un proyecto en mente a que lo haga. Aunque aconsejo planificar algo el viaje y llevar mapa, no hagáis como yo. Pero también es verdad que si pienso demasiado las cosas empiezo a encontrar inconvenientes. Yo soy de pim, pam y ya, de improvisar.
Espero que haya resultado ameno de leer. Sé que me he repetido mucho en recalcar la estación de tren de Barcelona Sants. Pido a los internautas que lo lean que lo difundan y que todo el mundo sepa el trato que uno se puede encontrar allí. Espero haber entretenido a los lectores y haber servido de ayuda a alguien.
Buen viaje.
Ah, se me olvidaba. El arcén en Francia es inexistente. Mejor dicho, la calzada acaba sobre la raya blanca o quizás un palmo más. Lo que debería ser el arcén es un campo de cross, imposible de circular por él, por lo que te ves obligado a circular sobre la raya blanca intentando no invadir la calzada. Bastante peligroso, ya que al adelantarte los camiones, si viene otro de cara, no se pueden apartar y pasan muy pero que muy cerca. Gracias también a todos los chóferes por su profesionalidad al haber controlado los camiones para que no me rozasen. Aunque en España el arcén es más ancho y está asfaltado también me veía obligado a circular sobre o muy cerca de la raya, ya que el resto estaba muy sucio, lleno de toda clase de cosas (gravilla, trozos de cubierta, cristales, etc).
Quiero remarcar que todo lo relatado es verídico, sin cambiar ni un ápice, ya que si no dejaría de ser el relato de mi viaje para convertirse qué se yo, en el guión de una película.
Todo esto ocurrió en 4 días y 15 horas.
111 horas: 999 km= 9km/h de media por día.
24 horas/día x 9 km/h= 216km/día
Con todo incluido: paradas, equivocaciones, consultas, etc.

Me dicen unos días antes que haría esto y no me lo creo. Esto viene a demostrar que casi todo es posible, solo se necesita poner empeño en ello y que la suerte te eche una mano. Eso, y una familia como la mía.
Lo del viaje y sus anécdotas ya está contado. Ahora, desde la normalidad cotidiana y la tranquilidad de mi hogar, recapitulo. Y es cuando realmente se ve quien tiene gran parte del mérito de esta aventura: mi mujer. El pedalear fue cosa mía; ella se ocupó de lo demás.

                Primeramente, junto con mis hijas, me apoyó. Me animó y me permitió abandonar el nido y los polluelos. Me ayudó a preparar el equipaje, repasamos juntos mi documentación, recibí mensajes de apoyo estando en ruta… Cuando llamé por teléfono porque estaba muerto de frío o las cuestas eran tan empinadas que no se veía el final, ella, desde la distancia y junto a mis hijas, me animaba. Me dieron fuerzas para seguir, sin un reproche, sin una queja, solo ánimos y aliento y palabras reconfortantes. Aquí radica gran parte de que consiguiese mi objetivo: en dejarme volar libremente, sin otra preocupación que pedalear, y cargar ella con todo lo demás.
Por eso te digo:
                Gracias por estar ahí, por alentarme a realizar algunos de mis sueños o caprichos (llamémoslos como queramos) que sin tu apoyo nunca hubiese realizado. A mi mujer, a esa compañera, amiga, cómplice y partícipe de mis proyectos…gracias por estar siempre.

                Hoy he recibido una carta desde la estación de tren Barcelona Sants lamentándose y disculpándose por lo allí acaecido. Acepto las disculpas y les honra el haber contestado. Pero cuando uno recibe un puntapié en la espinilla, aunque seguidamente se disculpen, el dolor sigue ahí. Con el tiempo desaparecerá, pero es pronto, aún duele.

RECOMENDACIONES, CONSEJOS O SUGERENCIAS SI VIAJAS SOLO Y EN INVIERNO:
1-Comprueba que el bombín funcione, que puedas hinchar la rueda con él, no vaya a ser que te pase como a mí: tras casi 3200km, pincho, y llevando todo lo necesario no pude arreglarla. Menos mal que estaba cerca de casa y no perdido en plena noche por los Pirineos (indispensable).
2-Planifícate la ruta y coge mapa, aunque es divertido y hablas con mucha gente se pierde mucho tiempo preguntando. (opcional-recomendable)
3-Ropa para ir en bici (opcional-recomendable). Yo no lo hice.
4-Una buena chaqueta. (Indispensable)
5-Chubasquero, poncho, etc. Si te pilla la lluvia y no tienes donde cobijarte lo llevas claro. (Indispensable)
6-Todas tus pertenencias en bolsas estancas a prueba de agua. (Indispensable)
7-Un buen saco de dormir y una esterilla. Yo llevaba uno de chichinabo y sin esterilla y pasé frío. (opcional-recomendable)
8-Bombillas de recambio y útiles para cambiarla. Yo parti con solo 1 bombilla de recambio,no pude conseguir mas, ya que me las traen por encargo.
LLebava apenas 20 horas de viaje cuando se me fundio, puse la de recambio y continue,hasta ahi bien.
  Durante el camino pare en 4 sitios en España y 2 mas en Francia y no pude encontrar.
Vamos que encontrar recambios es casi tan dificil como encontrarte un billete de 500 Euros
       además llevo una linterna de dinamo y un montón de reflectantes detrás. (opcional-recomendable)
9-Movil y cargador. Yo lo conectaba dos veces al día para llamar a casa. (opcional-recomendable)
10-Llevar en la cartera además de la documentación, direcciones y teléfonos de contacto. (Indispensable)
11-Comida. Yo llevaba comida de verdad, era autosuficiente para 6 días o más, solo compraba agua. Ventajas: paras cuando y donde quieres. Inconvenientes: tienes que cargar con peso extra y comer lo que llevas.
 -Si la compra por el camino. Ventajas: menos peso y puedes comprar lo que te apetece en cada momento. Inconvenientes: tienes que dejar la bici y tus cosas fuera, no en todos los centros comerciales te dejan entrarla y tienes que salirte de la ruta.
-Puedes también ir comiendo en bares y restaurantes. Ventajas: evitas peso, eliges comidas, etc. Inconvenientes: salirte de la ruta, que puedas tener la bici a la vista…
-También están las barritas energéticas. Yo nunca las he probado, soy más de plato lleno o un buen bocata, pero ahí están, son una opción. Ventajas: paras cuando quieres, llevas poco peso. Inconvenientes: por muchas vitaminas y proteínas que tengan, ¿saciarán? No puedo opinar. ¿Se puede pasar solo con barritas? No lo sé.
IMPORTANTE: No te olvides del casco y el chaleco reflectante. Si te atropella un coche o camión no te servirían de nada, pero por lo menos evitarán que te multen, jajajajaj.